Filosofía: verbo no sustantivo

 

Por Luis Guissepe Quispe Palomino

En los tiempos de la posverdad donde cunde un relativismo íntegro en las sociedades democráticas de hoy, más bien llamado la filosofía del todo vale (“todo está permitido”), la opinión y el pensar gratuitos se presentan como las facultades primordiales de la torpeza intelectual. Pues, no estaría de más responsabilizar de esto, no al pensamiento protagórico, sino al protagorismo panfletario de Platón y Aristóteles, quienes ridiculizaron a Protágoras de Abdera para defender al buen samaritano Sócrates. Vaya error de concepción, porque si todo ahora es relativo, esto es, el conocimiento, la ética, los valores, la estética, el lenguaje, etc., por extensión la filosofía también lo ha de ser. Y más aún los llamados filósofos de aula.

     Lo anterior señalado sobre el protagorismo es oportuno para menoscabar en la gran repercusión que tienen las opiniones populares, que reflejan un pensar ligero, sin profundidad y criterio, solo por el mero hecho de gozar de una dizque libertad de expresión. ¡Sandeces, señores! No se deben confundir las opiniones en el ámbito jurídico con las opiniones en la aceptación de la esfera social: en el primero, nadie merece ser condenado al silencio de sus ideas; en la segunda, nadie debiera ser ejecutado a escuchar todas las ideas ajenas.

     En ese sentido, la filosofía como reflexión problematizadora de la realidad guarda un estrecho vínculo con la opinión, esta en contraposición con la verdad; porque, desde el surgimiento del hombre moderno, nosotros ya no nos acercamos a la verdad, sino la verdad se acerca a nosotros, siendo la opinión (a veces tergiversada) la fuente y medida de todas las cosas. De aquí que sea importante mencionar un lema: Todo lo que yace afuera de las ciencias, no es verdad, es opinión. Y la filosofía como no es ciencia se mueve en los ennegrecidos senderos de los dogmas populares.

Filosofía: verbo no sustantivo

 

     Ahora bien, la filosofía vendría a ser esa luz que ilumina los parajes solitarios de la razón, que debiera situarse donde no hay oportunidad de reflexión, no en las grandes academias donde se aprende a ser filósofo (¿o a enseñar filosofía?). Así como estudiar en alguna facultad de Literatura no nos vuelve cuentistas ni poetas ni novelistas, estudiar en la facultad de Filosofía, o aprender la historia de su periodificación y las teorías de sus grandes pensadores, o publicar un libro con una inmensa lista de referencias, no nos volverá filósofos. He aquí la cuestión: ¿entonces qué hace que un filósofo sea considerado como tal?

     La filosofía no puede ser ego; es verbo no sustantivo. El acto de filosofar, ya sea mágico-religiosa o racionalmente, es inherente y, por ende, perenne en el ser humano. Ahora pues, sería un craso error pensar que por el solo hecho de filosofar, vaga o estrictamente, ya deberíamos ser considerados como tal (o, mejor dicho, como Tales). No. ¿Para qué?, me pregunto. Ya quedó en el olvido la idea de que la filosofía es amor a la sabiduría, siempre fue convivencia, la puesta en contacto con el ser, actividad, acto más que todo. La sabiduría está más ligada a la experiencia que a la razón.

     Aclaro: la filosofía como filosofar, como acto/acción, es verbo no sustantivo, es decir ser en potencia mas no ser en acto, por lo que la autonominación de filósofo resulta innecesaria, es puro ego.

     Lo penoso de nuestra sociedad permisiva es que nombra filósofo al primero que aparezca en algún círculo o movimiento académicos; me es menester advertir que la filosofía no es ideología, pues habría que notar que el quehacer filosófico no es equiparable a las actividades curriculares o extracurriculares que organizan las instituciones empresariales. El itinerario del hombrecillo filósofo debe enmarcarse dentro de la dialéctica, del contraste de palabras, en el debate divergente (no amigable), no en la ceguera ideológica de nuestros intelectualoides.

     La filosofía es verbo no sustantivo, un afán por pensar individualmente.

 

Luis Giussepe Quispe Palomino 

Estudia Derecho en la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO). En 2018, publicó las plaquetas “He aprendido. Cantos de dolor y frustración” y “De un garabato, una escritura; de un ruido una canción”. En 2019, formó parte de la antología literaria “De Laredo para el mundo”. Escribe regularmente en la revista “Taquicardia”. Es fundador y coordinador de la revista “Disicultura”. Prepara una plaqueta de poesía “Plenitud a montón”.