Tosco

Por Jacobo Venegas

A Hismarid,

mi querida y enigmática amiga

Totalmente negro, con ojos negros, robusto y con cara enorme. Del tamaño de un Doberman, aunque con hocico más chato. Era muy singular ver cómo su cola siempre caída, escurrida, a diferencia de cualquier otro perro, se balanceaba muerta por haber sufrido el atropellamiento de un coche.

     Desde cachorro se granjeó el nombre de Tosco, robusto y macizo, pero en los últimos meses que anduvo por aquí ya le decíamos el maldito Tosco. Ver para creer cómo se pudo acumular en un perro tanta maldad.

     Y es que después de lo que pasó, al Tosco le dio por actuar como si se le hubiese metido el diablo. Nunca fue muy amigable el pinche perro, pero después de la muerte de Dianita hizo cosas terribles, salvajes, además de increíblemente premeditadas, con mucho odio.

     Al hijo de Samuel le arrancó un bracito cuando lo traía su mamá en la carriola. Sin decir agua va, quién sabe de dónde salió el maldito Tosco, se le fue encima al niño, lo prendió con sus quijadas del brazo izquierdo y lo jaló con tal fuerza que el niño salió volando y el cabrón perro se quedó con el bracito en el hocico.

     Después de esa chingadera desapareció como una semana hasta que hizo horrible presencia para empujar con todo su peso a don Carmelo, que diario iba a comprar las cabezas de pollo para sus gatos, hacia un camión que iba pasando a muy alta velocidad. Pobre don Carmelo, quedó hecho calabaza. Nada más alcancé a ver cómo el maldito Tosco se le fue encima, se paró en dos patas y con su cuerpesote lo empujó. El chofer del camión no se podía explicar que un perro fuera capaz de eso, pensó que era de esos que están amaestrados y que parecen estar medio enfermos del cerebro, de esos que entrenan nada más para pelear y obedecer a un amo, como los militares.

     De igual modo se volvió a desaparecer poco más de una semana, ya lo estaban buscando para matarlo, pero no daban con él, sabrá el demonio dónde se escondía, el chiste es que no se aparecía por días y de repente salía como un relámpago del fin del mundo para hacer el mal.

     También recuerdo cómo le fue al chamaco que le decían el Doller, cuando se cayó en una de esas coladeras que a la delegación le vale madre componer y que permanece el agujero por años. De veras que parecía cosa del diablo, lo recuerdo bien. Al Doller, que venía medio pedo, se le fue una pierna en la coladera y quedó con medio cuerpo dentro, con todo y el brazo derecho. En eso, el maldito Tosco se aparece súbitamente, y que se le avienta a puras mordidas en la cabeza, el Doller se zarandeaba como si le dieran ataques, le fue re mal al chamaco, para siempre fue afectado de la vista a raíz de las mordidas que el Tosco le hizo esa noche y tampoco puede caminar bien, dicen que las mordidas también le afectaron el cerebro. Sí lo creo, ya lo tenía muy débil por de todos los solventes que inhalaba.

     Esa vez tenía ganas de defender al chamaco de ese maldito perro, pero la verdad es que daba pavor, de veras que se sentía la maldad que emanaba del animal y pues uno ya viejo, no puede hacer mucho. Como era su costumbre, el maldito Tosco desaparecía de inmediato, definitivamente sabía lo que hacía, estaba lleno de odio y no le importaba ni cómo ni con quién desquitarse. Después de esta desgracia, tardó el maldito perro en volver al barrio, sabíamos que no se le podía encontrar, y qué bueno que no había venido, pues algo es algo dijo el diablo cuando se llevó a unos obispos.

     La última de sus bestialidades fue con el Jícamas, y ahí que Dios me perdone, pude entender un poco al pinche animal. Este muchacho andaba en silla de ruedas, así quedó cuando quiso apuñalar al comandante de la judicial que violó a su hermana, –la Judith ya trabajaba en un congal– ni hablar. El Tosco se apareció y le deshizo el pescuezo a puras mordidas, con saña y brutalidad.

     Yo, como el teporocho del barrio, me sé todas. Pero nunca pensé que un animal tuviera tan buena memoria y acumulara tanto odio. Luego no sabemos qué tan malo puede ser insistir en humanizar a un animal o animalizarse uno como humano.

     Con la muerte del Jícamas tuve que recordar toda la historia y mejor quedarme callado. Puras barbaridades. Pascual había violado a Dianita desde los cuatro años, siendo su hija, más o menos la fecha en que ella recogió al Tosco, siendo chiquito. Al parecer a la niña se le despertó la libido, aunque odiaba a su padre. El castigo no se hizo esperar, Pascual en una borrachera se chingó a navajazos a Ciprián, Pablo el hermano mayor de éste, dolidísimo por lo que había pasado, al otro día le dio unos plomazos a Pascual que todavía andaba pedo, lo agarró durmiendo en una jardinera, dicen que un plomazo le entró por el costado y llegó a la columna, entonces quedó en silla de ruedas el Pascual, así ya no pudo volver a violar a Dianita.

     El problema fue que la niña, ya no tan niña, estaba acostumbrada y convirtió al Tosco en su amante. A todos nos sorprendía cómo el perro la cuidaba, Dianita prácticamente besaba al animal, le mostraba su afecto de forma muy extraña, el Tosco no permitía que nadie se le acercara, era sumamente celoso.

     Dianita se encerraba en el último cuarto del patio de la vecindad con el perro todo el día, no tenía amigas, nada más el pinche perro. La acompañaba al mercado, la llevaba a la escuela, iba por ella, cualquier mandado que le encargara su minusválido padre, el perro la custodiaba. Yo, un día, sin querer, cuando en un aguacero me metí a dormir hasta el fondo de la vecindad, oí como Dianita le hablaba con mucho amor al animal, le decía que lo quería mucho y después le decía: “no te canses perrito, no te canses”, escuché mucho más, pero preferí, ese día, pensar que era el efecto de la interminable borrachera.
     La bronca fue cuando el Pascual los cachó. Al perro encima de Dianita, penetrándola y ella diciéndole que lo quería mucho, el más sorprendido fue el perro, parecía como si a la chamaca le diera gusto que los viera el Pascual, a mí me tocó ver todo desde la letrina que está del otro lado del patio. El Pascual con su coraje e impotencia le empezó a rociar el solvente con el que se estaba drogando a la Dianita, al Tosco le tocó un filerazo del Pascual cuando se le fue encima, que siempre traía bajo las piernas inservibles y lo atontó un ratito. El loco del Pascual prendió fuego a Dianita y luego a él mismo. El cuartucho donde estaban se contrajo a modo de que los cuerpos quedaron atrapados en una especie de casita, aunque el Tosco quería sacar a la chamaca las láminas y cartones que habían quedado encima se lo impidieron. Lo que hizo que ardieran más y juntos, el papá y la hija, fue el colchón de hule espuma que tenía ahí Dianita. El perro no pudo entrar en esa pequeña casita infernal de penitencia que se había formado, los vecinos por más que quisieron ayudar con trapos, no sirvió de nada, para acabarla de chingar como es costumbre en este barrio nos cortan el agua y no había con que luchar contra las llamas; llegaron los bomberos, sacaron al perro atontado por el humo y por la pérdida de sangre, también un poco quemado.
     De inmediato apagaron el fuego del rincón donde estaban los cadáveres y los sacaron chamuscados, el olor a carne quemada lo traigo todavía en las narices. Nadie supo del perro en ese momento. Se empezó a aparecer cuatro meses después con mucho odio, como el de los humanos y lo ha vaciado en los humanos. Quién sabe cuándo pare.

Tosco se publicó originalmente en el libro El trueno y la fatalidad (Cuentos) de Jacobo Venegas (2017, Cofradía de Coyotes). El libro puede adquirirse en el Centro de Estudios Contemporáneos (WhatsApp al 5518172960).

Jacobo Venegas

Nació en la Ciudad de México. Es Licenciado en Creación Literaria por la UACM y Maestro en Humanismo y Cultura. Escribe poesía, narrativa y ensayo, así como investigación relacionada con la creación literaria. Publicó: Sangre prestada (1998), ... Y con la misma gente (2008). Obtuvo el tercer lugar en el Concurso de Cuento Erótico "Gonzalo Martré" convocado por la Cofradía de Coyotes con el cuento "Lucrecia", editado en Rincón de cenobitas. Ha participado en Congresos Internacionales en Santo Domingo, República Dominicana, y en Cartagena de Indias, Colombia, con trabajos como "La creación literaria en la música RAP" y "Arte y Creación en Cien años de Soledad".