Sobre la experiencia estética y la ética (parte I)
 

Por Fernando Zapata Alejo

Wang-Fô amaba la imagen de las cosas y no las cosas en sí mismas

Yourcenar

Sin duda alguna, uno de los terrenos más importantes para la reflexión de la persona es la experiencia estética, particularmente la artística y, por supuesto, las implicaciones que esta tiene. En Historia de seis ideas. Arte, belleza, forma, creatividad, mímesis, experiencia estética, el historiador de arte Wladyslaw Tatarkiewickz analiza desde un materialismo artístico-histórico los problemas y las funciones de las producciones artísticas. El teórico polaco explora los alcances de la obra final en relación con la subjetividad del creador y los efectos generados en el receptor. Desde la perspectiva de Tatarkiewickz, el estudio de la <<vida interior>> del artista resulta fundamental para realizar el análisis de los temas que se abordan en una obra:

 

     <<El arte tiene, pues, muchas funciones diferentes. Puede representar cosas        existentes, pero puede también construir cosas que no existan. Trata de cosas que son externas al hombre, pero expresa también su vida interior. Estimula la vida interior del artista, pero también la del receptor. Al receptor le aporta satisfacción, pero puede también emocionarle, provocarle, impresionarle o producirle un choque. Como todas estas son funciones del arte, no puede ignorarse ninguna.>> (Tatarkiewickz 2001)

     Puesto de esta manera, la experiencia estética no está disociada de la persona ni del resultado final de su trabajo y, por tanto, el análisis de las piezas debe prestar particular atención en la <<vida interior>> del creador y de las repercusiones que tienen en el receptor. Una idea similar enuncia Mario Vargas Llosa en Un mundo sin novelas, un trabajo en el que explora las posibilidades que la literatura ofrece para enfrentar el mundo: <<No es exagerado decir que una pareja que ha leído a Garcilaso, a Petrarca, a Góngora y a Baudelaire ama y goza mejor que otra de analfabetos semiidiotizados por los culebrones de la televisión. En un mundo aliterario, el amor y el goce serían indiferenciables de los que sacian a los animales, no irían más allá de la cruda satisfacción de los instintos elementales: copular y tragar.>> (Vargas Llosa 2000) El ensayo del escritor peruano trabaja sobre la idea de que la literatura, además del placer que provoca, tiene la función política de proveer herramientas para pensar (y cambiar) las realidades del mundo, ¿acaso la literatura y las demás artes tienen esta capacidad o encargo? El filósofo español Alfonso López Quintás ha dedicado gran parte de su trabajo a este respecto. Ya en el prólogo de El poder transfigurador del arte, López Quintás reflexiona sobre la potencias y posibilidades formativas de la experiencia estética:

 

     <<Por su propia estructura, no sólo por los contenidos que expresa, el arte alberga un poder formativo sobresaliente. Hoy día suele cultivarse con intensidad el arte, por ser atractivo a los sentidos e incitante para la fantasía. Con frecuencia se lo considera como una «diversión gratificante y noble». Ciertamente, la experiencia artística nos libera del carácter a veces anodino de nuestra vida cotidiana, y tal liberación nos «di-vierte». es decir, nos distancia de lo consabido y rutinario. Pero la meta del arte no es divertir, en el sentido vulgar de pasar un rato agradable. Su propósito es instarnos a vivir procesos creativos sumamente valiosos, sumergirnos en ámbitos poderosamente expresivos que personas bien dotadas nos han legado para dar una alta calidad a nuestra vida personal. >> (López Quintás 2006)

 

     Privilegiar las experiencias estéticas, es decir, las vivencias de lo bello, fundamentalmente las que provienen de los objetos de arte parece -hasta cierto punto- natural en las personas, sin embargo, es importante preguntarse qué objetos y cuáles experiencias se privilegian por un grupo social, al igual que los medios empleados por dichos grupos.

López Quintás, Alfonso. El poder transfigurador del arte. Buenos Aires: Biblioteca del Ecuador, 2006.

Vargas Llosa, Mario. “Un mundo sin novelas”. Letras Libres, no. 22 (2000),

Tatarkiewicz, Wladislaw. Historia de seis ideas: arte, belleza, forma, creatividad, mimesis, experiencia estética. 6ª ed. Madrid: Tecnos, 2001.

Fernando Zapata Alejo

Crítico de arte, curador y artista visual. Es Maestro en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana Puebla, institución en la que también ha sido docente en la Coordinación de Literatura y Filosofía. Actualmente es Doctorando en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Ha participado en coloquios nacionales e internacionales sobre arte, literatura, filosofía y psicoanálisis. Es editor en jefe de Revista Los Contemporáneos. Durante tres años co-coordinó el ciclo Miércoles FiloLetras para el IFAL-Casa de Francia, asimismo, durante dos años codirigió el ciclo Jueves FilosofArte para la Embajada de Francia en México. Cofundó y es curador en jefe de la Colección de Arte Zapata Acosta. Como artista visual, ha participado en exposiciones nacionales e internacionales. Ha sido curador de exposiciones en galerías privadas y museos nacionales. Pertenece al programa PILARES Talleres de Arte y Oficios Comunitarios (TAOC) de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en el que imparte el Taller de escritura colaborativa. Su tema de investigación versa sobre la relación entre arte y literatura.