Sobre la experiencia estética y la ética (parte II)
 

Por Fernando Zapata Alejo

Cuando se comprende la tradición no sólo se comprenden textos, sino que se adquieren perspectivas y se conocen verdades

Gadamer

 

En el sentido que mencionaba en la parte uno de este texto (https://www.mxcec.com/sobre-la-experiencia-estetica-y-la-etica), la conservación del patrimonio cultural resulta importante. Establecer una memoria colectiva y resaltar los modos estéticos de un grupo social ha sido fundamental para hacer historia. Dicho así, la preservación de esta experiencia estética por medio de los catálogos de arte puede orientar la reflexión. El surgimiento de estos catálogos se ubica en los salones franceses, exposiciones de los miembros oficiales de la Real Academia de Pintura y Escultura, que desde 1663 presentaron exhibiciones públicas en el Salón Carré del Museo Louvre. A mediados del siglo XIX, aquellas exposiciones comenzaron a documentarse en volúmenes reseñados por críticos, filósofos y poetas como Charles Baudelaire, quien examinó algunas exposiciones y escribió extensamente sobre Eugène Delacroix. Con el paso del tiempo, algunos artículos fueron recolectados en libros sobre reflexión plástica y publicados para presentarse bajo dicho formato, tal es el caso de Salones y otros escritos sobre arte, un libro que recopila los trabajos de Baudelaire sobre los salones franceses y que se ubica en los intersticios de la filosofía y la literatura:

 

     <<No hay azar en el arte, en mecánica tampoco. Un buen hallazgo no es sino la consecuencia de un buen razonamiento, del que a veces se han omitido deducciones intermedias, así como un fallo es la consecuencia de un principio falso. Un cuadro es una máquina, cuyos sistemas son todos inteligibles para el ojo entrenado; donde todo tiene su razón de ser, si el cuadro es bueno; donde una tonalidad está siempre destinada a realzar otra; donde un error puntual en el dibujo es a veces necesario para no sacrificar algo más importante.>> (Baudelaire 2017)

 

 

     El poeta francés es ampliamente reconocido por ser uno de los primeros pensadores y críticos de arte, es decir, uno de los primeros escritores interesados en profundizar en las implicaciones estéticas del arte y que, por otro lado, las eleva a problemas ético–políticos, toda vez que escribe en representación del flâneur. Baudelaire parte del gusto y las convicciones personales para abrir los horizontes del receptor a través de una posición política y del efecto crítico que proviene de la experiencia estética, y así, desde una reflexión subjetiva sobre la genialidad, Baudelaire se muestra convencido de que las obras maestras reflejan las certezas íntimas de un artista logrando una narración filosófica a través de su producción, por ello, no vacila en elevar a Delacroix al grado de poeta en pintura: <<Sus obras son, al contrario, poemas, y grandes poemas ingenuamente concebidos, ejecutados con la insolencia habitual del genio. […] Uno empieza por los detalles, el otro por la inteligencia íntima del tema; venga de donde venga, éste solo coge la piel, el otro le arranca las entrañas. Demasiado material, demasiado atento a las superficies de la naturaleza, Victor Hugo ha llegado a ser pintor en poesía; Delacroix, siempre respetuoso con su ideal, es a menudo, a pesar suyo, poeta en pintura.>> (2017)

 

     Casi un siglo después, tras la Segunda Guerra Mundial, los métodos empleados por los expertos para salvaguardar su patrimonio cultural albergado en catálogos de arte provenían del conocimiento sobre temas históricos, técnicos y contextuales de los artistas y su obra. Al respecto, el filósofo español José María Herrera menciona: <<Conocer la biografía de los artistas, sus fuentes estilísticas, su forma de trabajar y, naturalmente, analizar a conciencia las obras, los materiales utilizados en ellas, etcétera son los pasos previos para desterrar o al menos minimizar la arbitrariedad.>> (Herrera 2017) Sin embargo, las nuevas tecnologías pronto fueron empleadas por el capitalismo para manipular las dinámicas de mercado en pro de justificar e incrementar el valor de ciertas colecciones. Herrera asegura: <<la consolidación científica de los estudios artísticos, ligada a la idea de que una obra de arte es la expresión más compleja, ilustrativa y duradera de una época, no supuso un freno para la falta de escrúpulos propia del mercado: éste reaccionó rebajando, primero, sus exigencias («el objetivo del mercado –escribió Robert Hugues– es borrar todos los valores que puedan impedir que cualquier cosa devenga una obra maestra»), y explotando, luego, la idea de que el historiador profesional, académico, ha cometido tantos o más errores que el connoisseur.>> (2017)

 

     Al finalizar la guerra, el catálogo de arte había cambiado su naturaleza y fines. Los catálogos se consolidaron como un producto editorial capaz de recolectar y resguardar información de colecciones públicas y privadas, pero al mismo tiempo, se convirtieron en un género moderno que posibilitó la experimentación literaria, la reflexión artístico–filosófica y, por supuesto, la experiencia estética de un tiempo y lugar determinado.

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Portada del catálogo H.R. Giger´s Necronomicon, Sphinx Verlag, 1997.

 

     Actualmente, el proceso catalográfico se encuentra atravesado por la tecnología y los usuarios se inclinan a buscar la información en su modalidad online. Por su parte, las exposiciones tienden a buscar medios para consignar un listado de las exhibiciones, durante dicho proceso surge una hibridación integrada por la especificidad histórica, la crítica y el comercio. En este sentido, trabajos como los <<Folios>> del Museo Universitario Arte Moderno (MUAC) de la UNAM se presentan como un espacio para explorar las potencialidades del catálogo, toda vez que se publican so pretexto de alguna exposición y pueden adquirirse de manera física o virtual: <<Los Folios son híbridos hechos a la medida, que responden a las necesidades particulares de cada proyecto, y forman parte de una colección. Son un catálogo, una compilación de textos inéditos, una fuente de investigación que incluye material hemerográfico y bibliográfico y también un libro de artista que preserva material original. Folios MUAC es una serie sustentable, económica, accesible y coleccionable. Los encuentras en la tienda del museo y también son descargables de forma gratuita.>> (MUAC s.f.)

 

     En este punto, vale la pena recordar las palabras de López Quintás para con el arte y sus históricas posibilidades aleccionadoras: <<El arte de todos los tiempos, si lo vemos con la debida hondura, nos ayuda a prever a qué altura puede elevarse nuestra vida si advertimos que ésta no sólo se desarrolla entre objetos […] Qué son los ámbitos, qué posibilidades nos ofrecen, qué horizontes nos abren... son cuestiones decisivas que la experiencia estética nos aclara de forma lúcida y aleccionadora.>> (López Quintás 2006) Así, resulta menester cuestionarse y reflexionar sobre las experiencias estéticas que privilegia un grupo social en un momento determinado, es decir, tratar de comprender la política que guía la preservación de las producciones artísticas y culturales de un grupo y las salvaguarda en, por ejemplo, los catálogos de arte.

Baudelaire, Charles. Salones y otros escritos sobre arte. 1ª ed. Madrid: Antonio Machado Libros, 2017.

Herrera, José. “El catálogo de arte”. Cuadernos Hispanoamericanos 171 (2017): 1-2 https://cuadernoshispanoamericanos.com/el-catalogo-de-arte/

López Quintás, Alfonso. El poder transfigurador del arte. Buenos Aires: Biblioteca del Ecuador, 2006.

https://muac.unam.mx/publicaciones

Fernando Zapata Alejo

Crítico de arte, curador y artista visual. Es Maestro en Literatura Aplicada por la Universidad Iberoamericana Puebla, institución en la que también ha sido docente en la Coordinación de Literatura y Filosofía. Actualmente es Doctorando en Filosofía por la Universidad Anáhuac. Ha participado en coloquios nacionales e internacionales sobre arte, literatura, filosofía y psicoanálisis. Es editor en jefe de Revista Los Contemporáneos. Durante tres años co-coordinó el ciclo Miércoles FiloLetras para el IFAL-Casa de Francia, asimismo, durante dos años codirigió el ciclo Jueves FilosofArte para la Embajada de Francia en México. Cofundó y es curador en jefe de la Colección de Arte Zapata Acosta. Como artista visual, ha participado en exposiciones nacionales e internacionales. Ha sido curador de exposiciones en galerías privadas y museos nacionales. Pertenece al programa PILARES Talleres de Arte y Oficios Comunitarios (TAOC) de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, en el que imparte el Taller de escritura colaborativa. Su tema de investigación versa sobre la relación entre arte y literatura.