Sobre el síntoma

Por Tania Acosta Ayala

Asumir que el saber absoluto sobre la cosa es imposible, modifica el horizonte de posibilidades de cualquier investigación. No tener acceso a la cosa en su totalidad, implica una apertura para salir al encuentro con uno de sus sentidos posibles. Tras considerar lo anterior, los saberes de una cultura se presentan como fragmentos o escrituras inacabadas, en los que tradición y contemporaneidad exponen zonas de tensión en el diálogo. La pregunta por la cosa actualiza un tiempo anterior, el del hallazgo que hacemos al toparnos con lo que ahora sí tenemos certeza de ignorar. Es en dicho ignorar que la pregunta actual puede dirigirse a lo anterior, a una temporalidad ajena, la de cualquier otro que llegó a ese cuestionamiento y que ahora actualizamos. Así, tradición y actualidad acompañan una temporalidad por llegar.

 

     Dicho lo cual, el reconocimiento de un saber en la cultura puede abordarse por sus alcances descriptivos, explicativos, de intervención y por su potencial disruptivo. Pues, si lo específico de un saber no está en el conocimiento total de la cosa sino en el encuentro con uno de los sentidos posibles, el esfuerzo reflexivo se dirige a señalar alguna de las cualidades distintivas que permiten el encuentro con un aspecto de su singularidad. Al respecto, desde el psicoanálisis, considerado como campo de investigación sobre lo inconsciente, cabe preguntarse por la diferencia entre saber e ignorancia en las manifestaciones de eso inconsciente.

(5) Detalle de la serie "Infancia"

(5) Detalle de la serie "Infancia"/ Tania Acosta Ayala / mixta sobre papel de algodón /  2021

 

     De lo inconsciente sabemos por sus efectos, por sus disrupciones. Uno de dichos efectos es llamado síntoma, término cercano a la tradición médica en la que se usa para disponer paridad entre causa y organismo. Freud singulariza dicho término al atender el vínculo simbólico que, sin negar la dimensión orgánica, la cuestiona. El síntoma de la histeria conversiva muestra el reverso de la dimensión orgánica, pues al tratarse de algo que no refiere al organismo en tanto causa, desplaza la búsqueda hacia el cuerpo como representación. En este orden de ideas, el organismo es un soporte material de procesos físico-químicos (que indican recorridos lógicos que pueden interrumpirse y provocar enfermedad, disfunción o dolor físico) y punto de anclaje para el despliegue del cuerpo de un sujeto. A partir de esta divergencia entre organismo y cuerpo es que el sufrimiento del animal humano encuentra un modo de escritura, ya que si el síntoma neurótico evidencia la diferencia entre organismo biológico y cuerpo bio-ilógico (que corresponde al ser hablado), entonces trata de una experiencia que sitúa el lugar del Otro, el de un sujeto testigo y el de la verdad en vínculo con el plus-de-gozar. Lo anterior me permite señalar que dicho testigo es portador de un testimonio que, al estar en referencia directa con los procesos inconscientes, deviene ilegible. Así, testigo y testimonio hablan lenguas distintas que en el trabajo de traducción encuentran sus límites, y en el de la creación de significación, su viabilidad.      

 

     Según lo anterior, el síntoma evidencia una zona liminar entre lo inconsciente y la conciencia, que al expresarse se confronta con un saber ignorado. Por lo tanto, si la causa del síntoma es de orden inconsciente, su expresión es el testimonio de una verdad a la que solo se accede de manera incompleta, pues el sujeto es efecto de una causa que lo antecede y determina en cuanto al significante refiere. A través de dicho planteamiento, el cuerpo de un sujeto deviene superficie para escribir el testimonio de un sufrimiento-goce que requiere objetivarse para ser interiorizado, es decir, se trata de un movimiento en el que el síntoma en lo exterior señala lo interior. Este fuera-dentro es uno de los rasgos distintivos del síntoma, por lo que su expresión lo señala como un tipo de escritura singular que admite modificaciones a través de su interpretación.

 

     Paul-Laurent Assoun escribe que <<el síntoma designa una formación inconsciente que da testimonio de un conflicto, pero también de su elaboración simbólica y, por lo tanto, es el signo de un conflicto>> (70); esto quiere decir que ¿el saber del testigo se vuelve borroso al objetivarse en el cuerpo y desplaza a la ignorancia como signo de su causa, misma que evidencia que saber y goce se debaten por el sojuzgamiento del sujeto?

Paul-Laurent Assoun. (2003) El vocabulario de Freud, Buenos Aires. Nueva Visión.

Tania Acosta Ayala

Psicoanalista y artista visual. Es Doctora en Investigación Psicoanalítica por la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM) y Maestra en Artes Visuales por la Escuela de Artes y Diseño de la UNAM. Se ha desempeñado como catedrática a nivel superior y posgrado en instituciones como la Escuela de Artes y Diseño del INBA, la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Valle de México. Entre sus exposiciones individuales se encuentra Relieves en la piel. El otro cuerpo en la Galería de la UAM-I. Es cofundadora de la Colección de Arte Zapata Acosta, de Revista Los Contemporáneos y del Centro de Estudios Contemporáneos. Ha codirigido los ciclos FiloLetras y FilosofArte en el IFAL-Casa de Francia, de la Embajada de Francia en México.