Peste
 

Por Tania Acosta Ayala

La historia,

ríos de sangre y palabras.

 

La Universidad Zheuler resguarda el archivo Lokxur I, integrado por varios rollos sobre temas como el tiempo multidimensional, trece esculturas antropomorfas de medidas monumentales y restos de osamentas que no corresponden a especies conocidas. Cuando comenzó la guerra se restringió el acceso al archivo y la comunidad de investigadores tuvo que arreglárselas para continuar con sus actividades. Decidieron permanecer día y noche en el lugar hasta que los bombardeos se regularizaran. El equipo se dividió para el estudio de los objetos, los encargados de las esculturas descubrieron que aquello parecido al yeso cambiaba su consistencia al entrar en contacto con superficies cálidas. Dicha situación explicó parte del realismo de las esculturas, así como la respiración y el suave latido que escuchaban debajo de aquella cubierta blancuzca. Quizá se trataba de una antigua técnica de momificación. Cuando el equipo quiso abandonar el proyecto ya era tarde pues los bombardeos se intensificaron derrumbando parte de la construcción dejándolos atrapados. Los tres investigadores que aún podían moverse decidieron buscar en los rollos alguna explicación y tal vez el modo de sacar a sus compañeros de aquel encierro. Lamentablemente ninguno salió.

 

     Décadas después, encontramos la bitácora de una de las investigadoras.

 

     Descubrimos un conjunto de cuevas debajo de un templo dedicado a la diosa sumeria Innana. En una de ellas hallamos las esculturas junto a los rollos de papiro y los restos óseos. La guerra dificultó la investigación. Después del año tuvimos una junta con los sobrevivientes del equipo de antropología, mecánica cuántica y textos antiguos, coincidimos en datar el conjunto de esculturas en el siglo XIII A.C. Sin embargo, aún esperamos poder salir de este lugar para solicitar al laboratorio el análisis de las muestras y tener alguna certeza. Si el laboratorio confirma nuestros supuestos, el hallazgo modificaría el relato histórico vigente.

 

     Un día decidí entrar al archivo personal de Lokxur I. Los planos de la ciudad me ayudaron a encontrar un desagüe ubicado en la parte posterior de la casa. El archivo donado a la Universidad era impresionante, pero lo que encontré en el castillo no tenía punto de comparación. Descubrí una bóveda aislada de humedad y luz detrás de un muro falso de la biblioteca. Ignoro el tiempo que pasé ahí y no estoy segura de si los recuerdos corresponden a algo que viví o soñé. Al entrar, el frío del lugar tuvo un efecto extraño en mí, de inmediato advertí un paquete de cartas con la letra de mi benefactor. Se trataba de un amplio intercambio epistolar entre el prominente anticuario y el legendario guerrero Argos. Entre los temas tratados estaba la descripción cartográfica de reinos y poblados que coinciden con diferentes rollos traducidos.  Varias cartas describían las esculturas como si el yeso fuera un tipo de ungüento que protegió a las personas de los embates de una peste. Tal situación me hizo evaluar destruirlas o por lo menos enterrarlas. En la carta XXIV discurren sobre la ubicación de la esfera Fanxis y resulta que el yeso es un tipo de material orgánico que procede de ella, pero no hay registro detallado de cómo lo extraen, ni de su preparación.

 

     Cuando advertí que los hechos descritos databan del siglo XXV, las punzadas en las sienes y el dolor en pies y piernas me dificultaron continuar. Lo último que recuerdo es que me plantee la posibilidad de que hubiéramos errado en la traducción. El hyermir era, en efecto, un tipo de cubierta para proteger a los pobladores de una peste, pero por más que busqué ninguna misiva señalaba el modo de retirarla. La única indicación era una pregunta de Lokxur I al guerrero Argos: ¿alguno recobró la cordura?

 

     No sé cuánto tiempo pasó. No alcancé a leer todas las cartas, parecía como si los paquetes se multiplicaran. Si las fechas eran ciertas, estaba ante el archivo de algo por venir o quizá ante el resultado de algo dirigido por otras leyes físicas. Pensé en eso mientras dejé de sentir, todo comenzó a teñirse de una capa blancuzca, mi respiración se hizo lenta hasta que el latido de mi corazón se redujo a un ritmo monótono. Ahí seguía, detrás de una capa porosa, podía respirar, pensar y ver, pero no moverme. Lo único que deseaba era advertirle a alguien que la peste había llegado al planeta.

 

Tania Acosta Ayala

Practicante del psicoanálisis y artista visual. Es Doctora en Investigación Psicoanalítica por la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM) y Maestra en Artes Visuales por la Escuela de Artes y Diseño de la UNAM. Se ha desempeñado como catedrática a nivel superior y posgrado en instituciones como la Escuela de Artes y Diseño del INBA, la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Valle de México. Entre sus exposiciones individuales se encuentra Relieves en la piel. El otro cuerpo en la Galería de la UAM-I. Es cofundadora de la Colección de Arte Zapata Acosta, de Revista Los Contemporáneos y del Centro de Estudios Contemporáneos. Ha codirigido los ciclos FiloLetras y FilosofArte en el IFAL-Casa de Francia, de la Embajada de Francia en México.