Malestar y Microcosmos (parte II)

Por Tania Acosta Ayala

el mar está inquieto... la tercera ola se acerca.

 

PARTE II

Si de acuerdo con Sigmund Freud, la vida humana <<[…] como nos es impuesta, resulta gravosa: nos trae hartos dolores, desengaños, tareas insolubles>> (Freud, 75), vale la pena subrayar el carácter doble de dicha <<imposición>>, ya que junto a las limitaciones que la dimensión cultural impone a la satisfacción pulsional, se ha de reconocer que dicha imposición es necesaria para sostener el lazo social. Ante tal escenario, el psicoanalista vienés, propone <<resignar>> el propósito pulsional, en el entendido de que es la propia configuración de los lazos sociales (trabajo, política, arte, entre otros) la que nos acerca a satisfacciones sustitutivas <<[…] que nos hagan valuar en poco nuestra miseria>>. (75)

 

     Así, una vía para alcanzar tal propósito es anteponer el contenido positivo a la meta, es decir, la ganancia de placer, o su contenido negativo, la evitación de displacer. La cuestión atañe a una problemática en la que lo dinámico y lo económico pueden operar como medios de acceso a lo que Freud llama <<dicha>>, entendida como una experiencia de acceso al placer que responda a los criterios de la moderación cultural. Pero, si la economía libidinal de cada sujeto en relación con los montos de satisfacción real a través del mundo exterior no establece un trayecto lineal, cualquier política dirigida a tal moderación tenderá al fracaso. Lo anterior es lo que Freud ubica en lo imposible de psicoanalizar, educar y gobernar.  

 

     Envuelto por la ilustración y el romanticismo alemán, Freud considera que el amor, el arte y la religión, proponen las satisfacciones sustitutivas[1] a través de las cuales se reduce ‘nuestra miseria’. Por lo cual, cabría atender a las diferencias que cada uno ofrece en relación con sus condiciones de acceso y realización, así como de sus cualidades en cuanto a la obtención de alivio. En este sentido, la religión resulta de las menos deseables, ya que <<[…] perjudica este juego de elección y adaptación imponiendo a todos por igual su camino para conseguir dicha y protegerse del sufrimiento. Su técnica consiste en deprimir el valor de la vida y en desfigurar de manera delirante la imagen del mundo real, lo cual supone el amedrentamiento de la inteligencia>>. (84)

 

     A partir de lo anterior, es importante notar algunos de los modos en que el discurso de la religión católica es usado a conveniencia por diversos actores con finalidades específicas. A unos días de entrar en la llamada Semana Mayor o Santa, el movimiento de entrada y salida a la Ciudad de México se incrementa. Dentro de las diversas razones, la situación económica es determinante, además de las condiciones de los vínculos afectivos. Para algunas personas, el tiempo de estar con familiares o amigos se coloca en primer plano a pesar de las probabilidades de contagio. Para otros, cambiar de escenario es suficiente para modificar la insatisfacción vivida en los espacios cotidianos y para la mayoría no es opcional, pues se vive al día.

 

     El castigo o la redención como interpretaciones válidas ante la situación sanitaria sucede a partir de símbolos, baste recordar la imagen del ‘niño dios covid’, una actualización del símbolo. Aunado a lo anterior, la movilidad ante el período de suspensión de actividades laborales puede señalar un modo de afirmar la ‘libertad’, toda vez que dirigida por la lógica del capital, dicha libertad se reduce a la capacidad de movimiento y consumo. De acuerdo con esto, salir de vacaciones puede tratarse de un montaje en el cual el imaginario aparenta modificar el estado de los afectos por unos días. Si el tiempo de la vida cotidiana se ‘planea’ a partir del calendario laboral, cuando este cambia, pasar lapsos prolongados y no previstos con la familia podría representar un viacrucis.

 

     Así, cuando Freud menciona que la religión es de las vías de re-signación menos deseables, habría que preguntar de qué modo las prácticas sociales religiosas funcionan como mediación para pervertir el discurso sobre la ‘dicha’ al tiempo que proponen escenarios de acceso a la satisfacción pulsional regulados por un amo. La ilusión del alivio se presenta en un discurso que por un lado, afirma la crisis sanitaria, y por el otro, la niega.

[1] Otro tema es lo que el propio Freud señala en su nota a pie de la p. 84, en tanto es importante incluir lo que ocurre en el narcisismo respecto de la libido de objeto. La llamada ruptura con la realidad, como en el caso de la Psicosis, muestra otro modo en cómo el sujeto puede resguardarse de la amenazante realidad, ante lo que, agrego: <<sin dejar de estar y ser parte de ella>>.

Freud, Sigmund. (1992) El malestar en la cultura, en: Obras Completas Vol. XXI. Buenos Aires: Amorrortu.

Tania Acosta Ayala

Psicoanalista y artista visual. Es Doctora en Investigación Psicoanalítica por la Sociedad Psicoanalítica de México (SPM) y Maestra en Artes Visuales por la Escuela de Artes y Diseño de la UNAM. Se ha desempeñado como catedrática a nivel superior y posgrado en instituciones como la Escuela de Artes y Diseño del INBA, la Universidad Iberoamericana y la Universidad del Valle de México. Entre sus exposiciones individuales se encuentra Relieves en la piel. El otro cuerpo en la Galería de la UAM-I. Es cofundadora de la Colección de Arte Zapata Acosta, de Revista Los Contemporáneos y del Centro de Estudios Contemporáneos. Ha codirigido los ciclos FiloLetras y FilosofArte en el IFAL-Casa de Francia, de la Embajada de Francia en México.