¿Literatura Regional?: sobre encajonar los conceptos
 

Por Luis Guissepe Quispe Palomino

Los conceptos sobrevuelan las palabras y cualquier tipo de categorización. La mente humana, al reconocer los límites del raciocinio, esto es, la imposibilidad de comprenderlo todo, buscó fragmentar la realidad en categorías inferiores, en las cuales solamente el conocimiento especializado pueda acceder a ellas para forjar su entendimiento. Sin embargo, los conceptos sobrepasan cualquier tipo de campo categórico. Los conceptos son entes dotados de significados; por eso, más que una característica partitiva en el plano de la realidad, tienen la finalidad de contribuir al Ser.

     En ese sentido, la Primera Guerra Mundial, la Guerra Fría o la Guerra del Pacífico, en tanto son guerras, no solo adquieren una significancia en el campo de la Historia, sino también en los campos de la Economía, Política, Arquitectura, Literatura… incluso en la propia reflexión humana. Nótese que no me he referido a las consecuencias que ocasionaron tales guerras como conflictos bélicos; pues, si de conocer los efectos se tratara, nos bastaría con lo que nos dijera la Historia. No obstante, menciono que el concepto guerra alcanza a escapar del encajonamiento para ser pensado como tal. Dicho de otra manera, el acto de pensar no se puede limitar a formular razonamientos según lo que predispongan las ciencias.

     Ahora bien, el concepto literatura regional es un caso excepcional porque a literatura se le agrega regional, el cual, como es la forma adjetivada de regionalismo, desencadena al menos tres otros conceptos: región, identidad y cultura. El imaginario colectivo explica que con literatura regional se hace referencia a la literatura escrita en una determinada región. Por ejemplo, a La Libertad (Perú) le correspondería literatura regional liberteña o literatura liberteña. Sin embargo, como claro está que se toma en cuenta la demarcación territorial, en mí surgen cuestiones un tanto difíciles de responder. ¿La literatura regional solo reúne a escritores nacidos en la región? ¿O también reúne a los escritores migrantes? Y si reúne al segundo grupo, ¿su otra región también lo podría considerar como escritor regional? Por cierto ¿César Vallejo fue doblemente regionalista? ¿Cuántas veces regionalistas está permitido ser?

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Imagen de la plaza de Armas de Trujillo, La Libertad

 

     En las anteriores formulaciones se puede percibir una chanfaina de ideas; pero ello ocurre principalmente por dos factores: primero, porque se está pensando la literatura regional solo desde la literatura o, peor aún, desde las máximas de la experiencia; segundo, porque se olvidan de pensar los otros tres conceptos envueltos en el primero. El adjetivo regional es un concepto que no le corresponde a la reflexión literaria ni a la etnoliteratura (es insuficiente), sino a la antropología filosófica porque incurre en el espacio antropológico. El ejemplo de guerra no se limita a la Historia, pero sí tiene una implicancia en ella; si bien lo puedo pensar desde un campo político, no puedo hacer caso omiso a lo que me diga la Historia de este: no porque sea la fuente principal, sino porque tiene una significancia en ella.

     Pensar desde la antropología filosófica es, cuestionándose, invocar a los otros tres conceptos. Si el regionalismo puede entenderse como la identidad cultural que un sujeto tiene por un determinado espacio geográfico, ¿existe alguna relación proporcional entre localidad y región? Es decir ¿un sujeto que siente un sentimiento de identidad por Laredo necesariamente tiene que sentirlo por La Libertad? Creo que no. Una región podrá albergar tantas identidades como le sea posible; en unos casos podría presentarse esa relación, pero en otros no. Y está bien. Me pregunto si, así como publican antologías provinciales, acaso habrán publicado textos de escritores de juntas vecinales, de una calle o jirón, o nacidos alrededor de una losa deportiva. Apuesto que no.

 

Luis Giussepe Quispe Palomino 

Estudia Derecho en la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO). En 2018, publicó las plaquetas “He aprendido. Cantos de dolor y frustración” y “De un garabato, una escritura; de un ruido una canción”. En 2019, formó parte de la antología literaria “De Laredo para el mundo”. Escribe regularmente en la revista “Taquicardia”. Es fundador y coordinador de la revista “Disicultura”. Prepara una plaqueta de poesía “Plenitud a montón”.