El sentido de estupidez en la narrativa chistosa
 

Por Luis Guissepe Quispe Palomino

Me permito recordar un chiste que me contó un amigo no hace mucho. José se encuentra con Jaimito y le pregunta: «¿Sabes qué es la lógica?», a lo que Jaimito responde: «No sé. ¿Qué es?». «Bueno —dice José—, lógica es tener una pecera. ¿Tú tienes una pecera?». Esta vez Jaimito responde que sí. Entonces José se aventura a explicarle: «Tú sabes que en la pecera hay peces; y que los peces nadan en el agua; y que agua hay en el mar; y en el mar hay playas; y en las playas hay chicas bonitas. Por tanto, te gustan las mujeres». Jaimito, con esta información, va en busca de Juancito y le pregunta: «¿Tienes una pecera en casa?», a lo que Juancito responde que no. «Ah, entonces eres maricón», le dice Jaimito.

     No es difícil imaginar una sonrisa dibujándose en mi rostro. Me pareció tan gracioso ver a Jaimito burlando los sistemas lógicos, sobre todo, vacilando a Aristóteles y su perpetuación. Sin embargo, la sonrisa terminó cuando mi amigo me preguntó: «¿Sabes cuál es el pez más feo?». Le respondí: «No sé. El pez globo, supongo». «No —dijo—. ¡Tú, pes!». Luego de su fracasado intento cómico, tomando mi hombro derecho, afirmó: «Lo siento. Este sí fue demasiado estúpido».

     Tal afirmación me condujo al cuestionamiento. Si lo estúpido se relaciona, íntimamente, con la incoherencia, por ende, con la ilogicidad, ¿los chistes carecen de una racionalidad: son irracionales? Apostar que sí es admitir que lógica y sistema lógico son la misma cosa. Pero no es así: yo entiendo el chiste, lo entiendo y me río; y, por si fuera poco, recepciono a la perfección su intención comunicativa. Sucede así que debiéramos entender por lógica la reflexión sobre el lenguaje que hacemos para validar los argumentos; en cambio, por sistema lógico, la estructura axiomática del lenguaje que organiza los símbolos y da forma a los argumentos. Los chistes burlan los sistemas lógicos, pero no carecen de logicidad.

     La narrativa del chiste contiene en su estructura un silogismo lógico —aparentemente errado—, que parte de premisas verdaderas, pero concluye, según los axiomas prestablecidos, en un final aparatoso. Los peces nadan en el agua = v, hay agua en el mar = v, el mar tiene playa = v; al menos estas tres proposiciones son tautológicas. Por extraña razón, el contador de chistes relaciona las premisas con la orientación sexual; quiero decir, burla los sistemas lógicos para dinamitar el final.

El sentido de la estupidez

 

     Ahora bien, con respecto al segundo chiste, es verdad que hay peces feos, para mí es el pez globo; pero notamos cómo una pregunta tan inofensiva sobre piscicultura repercute en el plano lingüístico. Nuestro contador utiliza la expresión «pes» de su idiolecto, generando una alteración homófona (igual sonidos) a nivel fonético, con el fin de generar una respuesta que satisfaga su intención: construir una sonrisa.

     Ocurre así que el racionalismo particularizado contraria al racionalismo —llámese— general, colectivo o científico. Como en toda ficción, este tipo de razonamiento le invita al receptor a pensar diferente, a buscar otra forma de interpretación, a alejarse de toda conceptualización requerida, sencillamente, para ser feliz. Si no ¿por qué nos reiríamos de la estupidez (para qué)? La verdad es que el sentido de estupidez, dentro de la narrativa chistosa —suena graciosa—, vincula al sujeto que se ríe con el objeto risible mediante un valor de contradicción, que ocasiona ya no solo una emoción alegre sino un sentimiento de superioridad: aquel que capta el absurdo, supuestamente, es quien está mejor capacitado. Y yo soy la prueba verídica de ello.

     A todo esto, un chiste solo para inteligentes:

  • ¿Cuál es el lápiz que dispara?

  • Lapis-tola.

 

Luis Giussepe Quispe Palomino 

Estudia Derecho en la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO). En 2018, publicó las plaquetas “He aprendido. Cantos de dolor y frustración” y “De un garabato, una escritura; de un ruido una canción”. En 2019, formó parte de la antología literaria “De Laredo para el mundo”. Escribe regularmente en la revista “Taquicardia”. Es fundador y coordinador de la revista “Disicultura”. Prepara una plaqueta de poesía “Plenitud a montón”.