El rimbombante espejismo del pensamiento crítico
 

Por Luis Guissepe Quispe Palomino

Basta con que haya llegado a la etapa universitaria para conocer de cerca la efervescencia de las ideas a flote, me refiero a la convivencia en mi facultad; pues es aquí donde convergen las opiniones populares de nuestros docentes y compañeros, se forma uno que otro círculo de estudios y se está más lejos de la literatura de lo que se cree. Por eso, alcanzo estas palabras, que no son necesariamente tautológicas pero sí muestran una sensatez a modo de reclamo.

     Empecemos por el inicio. El cambio conceptual que ocurre con el paso del colegio a la Universidad suele ser brusco. Se cree equivocadamente que cuando un alumno culmina el colegio ha superado la ya conocida etapa piagetiana “operaciones formales”, sin embargo, a veces, por el medio en que se vive, los esquemas que nos forjamos pueden verse involucrados en un desfase cognitivo. Quiero decir, como no todos llegamos a este último estadio, no nos iniciamos a la par en el pensamiento crítico. Ello siempre ha sido así.

     Pero eso parece no importarle a la Universidad, porque, en su sesgo de alma máter, pretende cobijar a los alumnos desfasados y convertirlos, a corto plazo, en máquinas formuladoras de conocimiento puramente intelectual. Nada más falso que la verdad. Tal vez puede que aquí no comience el problema, pero el espejismo que se le genera al alumnado es abrumador, incluso ambicioso.

     En mi experiencia estudiantil, debo advertir que los docentes confunden pensamiento crítico con el nivel crítico de la comprensión lectora; ello lo podemos notar cuando se nos asigna leer un texto y piden dar un comentario crítico al respecto. Ofrecer una opinión a favor o en contra de un material textual refleja, a lo mucho, un bosquejo analítico. Esto me lleva al otro punto. Varias personas creen que pensamiento analítico equivale a pensamiento crítico. Pero no. El primero está más ligado a una fórmula o método (el análisis)  más que al pensamiento mismo, por eso, forma parte del crítico; en cambio, el segundo refiere a la calidad de interpretación y, por ende, de racionalización que tenemos al momento de formular nuestros razonamientos.

El rimbombante espejismo del pensamiento crítico

     Ahora bien, fuera de la cátedra, en los círculos literarios, se confunde crítica con reseña de libro. Aquí la confusión es mayor, incluso aceptable. Siempre se ha creído que la crítica es la opinión bien fundamentada de lectores que han leído todos los materiales literarios habidos y por haber; en caso de que esto sea válido, penosamente tendríamos que afirmar que la crítica es tan subjetiva como la opinión, salvo que separemos la “crítica como opinión recontrasubjetiva” de la “crítica como interpretación”. Considero que el estudio de materiales literarios es una ardua labor que requiere de cientificidad para gozar de objetividad (o de la menor subjetividad posible).

     El caso de la crítica disfrazada de reseña es lato, porque es un tipo de texto que tiene como fin promocionar el material del que se habla. Generalmente, la reseña consiste en una de dos: o en plasmar nuestra apreciación (y dar a entender cómo nos cambió la vida), o en analizar p. ej. un poemario con base a su estructura o referencias. Ahora yo me pregunto: ¿acaso eso basta? Nadie es lector e intérprete al mismo tiempo: somos voraces lectores o estrictos intérpretes. No está de más anotar que el intérprete es un lector que ha dejado el plano superficial de la compresión lectora para adentrarse a desenmarañar los conceptos proporcionados por el autor.


     Usted, preciado lector, podría suponer que esta columna es un texto crítico y que yo soy como una especie de cabeza rodante que va, de libro en libro, acumulando conocimientos por montones; pero le advierto que errará. Pues, esa idea de que todos tenemos cinco minutos de criticidad cuando nos ponemos filósofos es, en suma, un hábil artificio de la Universidad empresarial, así como un rimbombante espejismo que ensancha exorbitantemente la tibieza intelectual.

 

Luis Giussepe Quispe Palomino 

Estudia Derecho en la Universidad Privada Antenor Orrego (UPAO). En 2018, publicó las plaquetas “He aprendido. Cantos de dolor y frustración” y “De un garabato, una escritura; de un ruido una canción”. En 2019, formó parte de la antología literaria “De Laredo para el mundo”. Escribe regularmente en la revista “Taquicardia”. Es fundador y coordinador de la revista “Disicultura”. Prepara una plaqueta de poesía “Plenitud a montón”.