El diablo entre las ropas

 

Por Héctor Justino Hernández 

La sexualidad entre personas de la tercera edad continúa siendo un tema tabú en la cultura occidental. Existe un ideal, potenciado por la visión romántica (en el sentido clásico del término) del amor pasional, en el que solo son representadas parejas de jóvenes bellos y lozanos que mantienen un amorío puro y santo. En la realidad, no hay tal. Los cuerpos y los seres humanos somos distintos unos de otros y por ello formamos parejas que podrían ser tomadas como dispares si se ven bajo los estándares normativos.

     La época victoriana, como bien lo señala Foucault en su Historia de la sexualidad, fue un momento de contención erótica que repercutió en una sociedad que ocultaba las verdades tras el velo de la moral cristiana y la mojigatería. Más de un siglo ha pasado desde ese periodo histórico, y múltiples han sido los esfuerzos por comenzar a romper las barreras de la represión. Los vanguardistas hicieron un tanto a principios del siglo XX y otro los artistas de la posmodernidad. A pesar de todo, aún hay temas, como el ya mencionado, que han aparecido en menor medida y, en ocasiones, bajo tratamientos velados y poco expuestos a crítica.

     En su película El diablo entre las piernas (2019), Arturo Ripstein se aleja de la posible lasitud o de la infame beatería que podría caracterizar una historia de su tipo, y propone una aproximación desnuda a la sexualidad entre gente de edad avanzada. Las tramas de amor retorcido, de un amor imposible o que solo puede darse bajo condiciones extraordinarias, víctima de un instante de inflexión en el que la situación derivó en un trocamiento de lo establecido, están presentes en toda la obra del director. En El lugar sin límites (1978) esto se observa en el vínculo lleno de deseo y odio que nace entre la Manuela y Pancho. Lo mismo ocurre con la pareja de asesinos de Profundo carmesí (1996) y el matrimonio perverso de El castillo de la pureza (1972). Con lo cual ha reafirmado que las historias de amor no necesariamente deben pasar por la criba de lo decoroso y que pueden florecer en los espacios más extraños y bajo las formas más estrafalarias.

Fotograma tomado de El diablo entre las

Fotograma de El diablo entre las ropas

 

     De la mano de su guionista de cabecera, Paz Alicia Garciadiego, Ripstein ha llevado a la pantalla la historia de un viejo matrimonio. Ambos tienen una larga historia que los persigue a través de los cuartos y los pasillos de su solitaria casa. Después de que llega una nueva sirvienta, descubrimos que el esposo acostumbra celar y perseguir a Beatriz, su esposa, insultándola y acusándola de infidelidad. Por supuesto, el hombre no escapa de poseer flaquezas y, a su vez, mantiene un amorío con Isabel, una mujer que corta el cabello y también está casada. La complejidad en las relaciones de los personajes funciona como un espacio que pone en evidencia no solo la hipocresía o la abnegación de ambos miembros del matrimonio, sino también el machismo, arraigado o interiorizado, que se encuentra presente todavía en nuestra sociedad.

     Existe, además, como ya se mencionó en un principio, un afán por mostrar la vida erótica de las parejas mayores. Más allá del amor como única fuente de placer a esa edad, la película expone una serie de prácticas sexuales, desde el uso de dildos y vibradores hasta los encuentros casuales en hoteles por venganza, que demuestran una libido activa, capaz de generar acoplamientos carnales y florecimiento de un vigor insospechado. El cuerpo forma parte activa de este hecho, el cuerpo entendido como un espacio performativo que acciona y reacciona de acuerdo con normas esperadas o en contra de ellas, no el cuerpo como simple espectador de un deseo que ocurre en la mente. A partir de escenas en las que se muestran cuerpos en decadencia, pieles imperfectas, seres desnudos, ropa interior, arrugas y dolores, Ripstein nos introduce en una edad crepuscular, pero llena de impresiones, recuerdos, experiencias y sinsabores.

     Sin duda, El diablo entre las piernas es una película hecha por un director que maneja a su gusto el lenguaje cinematográfico y que tiene en su haber no uno sino, por lo menos, tres grandes clásicos del cine nacional. Solo el tiempo será el encargado de mostrar si su más reciente trabajo pertenece a estos últimos. Mientras tanto, nos queda acercarnos a esta película dispuestos a encontrar en ella tanto el rompimiento de un tabú como el tormento de una asfixiante vida en pareja. Ambos elementos son valiosos por sí mismos y hablan de una realidad presente en un país donde al mismo tiempo que se discrimina a la vejez, se menosprecia la feminidad y se oculta el erotismo que sucede más allá de los parámetros románticos y occidentales de perfección.

 

Héctor Justino Hernández

Narrador y ensayista. Ha publicado Dimorfismo (2019), Drenaje a cielo abierto (de próxima aparición, Poetazos y Sangre ediciones), La máscara de Miguel (Ganadora del X concurso de cuento infantil convocado por el IVEC). Ha aparecido también en revistas como La Palabra y el Hombre, Punto de Partida y Ágora, entre otras.